Tecnociencia

El volcán de Cumbre Vieja en La Palma, una oportunidad para estudiar la geología de la isla

El volcán de Cumbre Vieja en la isla canaria de La Palma despertó el domingo 19 de septiembre por la tarde, después de registrar más de 20.000 terremotos y una elevación del suelo de unos 15 cm en la última semana. Vigilado muy de cerca, el estallido, que ha obligado a evacuar a miles de personas, era probable, pero nadie se lo esperaba tan pronto.

La erupción no se esperaba tan rápida, pero desde luego no ha pillado por sorpresa. Horas antes los investigadores hablaban de “calma tensa” sin quitar el ojo de los sismógrafos, que desde el pasado día 10 registraban una actividad superior a la normal. Ahora, a partes iguales fascinados por el espectáculo y en alerta por los riesgos de toda erupción en áreas pobladas, anticipan la captura de datos que saben que durará durante, al menos, meses.

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Gracias a las observaciones sismológicas, geoquímicas  y geofísicas realizadas en La Palma en los últimos cuatro años, y a lo acontecido en anteriores erupciones históricas acaecidas en esta Isla (las últimas, las del San Juan en 1949 y la del Teneguía, en 1971) es posible reconstruir, con cierta precisión, como si de un relato de en una película se tratara, lo que ha pasado bajo la isla en los últimos 4 años, y, por tanto, los acontecimientos que han dado lugar a esta erupción.

Las Canarias siguen creciendo como islas volcánicas, y quedan muchas preguntas sobre cómo lo hacen. Hace diez años tuvo lugar la erupción submarina en la isla de El Hierro que generó un nuevo volcán, Tagoro, y el proceso se prolongó durante meses. En La Palma, esta vez el magma ha tardado apenas ocho días en abrirse camino, mientras además de los terremotos —más de 20.000—, los instrumentos medían una elevación de unos 15 centímetros (la deformación llegó a ser de 19 cm tras la erupción) en la parte suroccidental de la isla, según ha ido informando el PEVOLCA estos días.

Cuanto más se sepa sobre el proceso eruptivo actual, mejor se podrá predecir lo que vaya a ocurrir la próxima vez; se invoca el principio del ‘actualismo’, según el cual lo ocurrido en el pasado sirve para entender el presente y, también, lo que ocurrirá en el futuro. Esta erupción del volcán de Cumbre Vieja se parece más a la del volcán de San Juan, en 1949, que a la del Teneguía, en 1971, ambos en La Palma.

Gran vigilancia desde el principio

Sin embargo, ninguno de esos volcanes estuvo tan vigilado como el que despertó ayer. El domingo 19 de septiembre a las 15h12, hora local, había muchos ojos, cámaras y sismógrafos pendientes del volcán en La Palma.

Ya se sabía desde hace unos años que el volcán de Cumbre Vieja se estaba reactivando. Así se publicó en 2020 en el Journal of Volcanology and Geothermal Research.

Ahora, los periodistas han contado en directo el ruido del chorro de fragmentos de rocas, piroclastos y gases saliendo a presión, y en las horas siguientes sus cámaras captaron la apertura de hasta ocho bocas por las que la lava sale a más de 1.200 ºC y va bajando, lenta pero imparable, hacia la costa. Ocho horas después del comienzo de la erupción habían sido evacuadas ya unas 5.000 personas. La lava había llegado a una decena de viviendas, sin producir víctimas personales.

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Esta no es una erupción inofensiva. Mucha gente en esa zona de la isla vive de la agricultura, cientos han sido evacuados de momento y muchos han perdido o pueden perder no solo sus casas sino también cultivos, animales…

Predecir mejor el riesgo volcánico

La elevación que sufre el edificio volcánico como consecuencia del empuje del magma desde la profundidad podría perderse y colapsar tras la erupción, pero no es así. Debido al crecimiento por abajo, la elevación se mantiene, como ha ocurrido con los volcanes en El Hierro. Ahora está por demostrar si en La Palma crecen en altura.

Por eso, la nueva erupción será una nueva fuente de datos.

Los volcanes de la isla, como los de las demás islas canarias de reciente actividad volcánica, están permanentemente vigilados por una red de instrumentación —sobre todo sismógrafos, redes GPS y estaciones geomquímicas— que tratan de obtener el máximo de información sobre lo que está ocurriendo a decenas de kilómetros bajo las islas.

Su diagnostica que en el momento de la erupción 20 millones de metros cúbicos de magma habrían ido ascendiendo en los últimos días hasta acumularse a unos 6 kilómetros de profundidad (abriéndose paso en horas), tras estacionarse a unos 20 kilómetros primero en el manto terrestre, durante unos cuatro años, y, después, a unos 12 kilómetros en la base de la corteza terrestre en los últimos días.

¿Cómo evolucionará la erupción?

Lo que vaya a pasar ahora depende de que este depósito superficial de magma se vacíe, o bien siga habiendo un suministro continuado de material magmático desde los depósitos más profundos, como sucedió en la erupción de El Hierro entre 2011 y 2012. En ese último caso, la erupción tendría una duración más larga.

la erupción actual no se parece a la del Teneguía (1971), sino a la del San Juan (1949). En aquella ocasión, aunque solo se contaran con testimonios de personas, al carecer de instrumentación científica adecuada disponible (sobre todo sismógrafos), se produjo una acumulación de magma, entre 4 y 6 kilómetros de profundidad, según las conclusiones de investigaciones petrológicas y geoquímicas realizadas posteriormente. El magma se mantuvo a esa profundidad, generando bastante sismicidad y fracturación del terreno durante tres meses, frente a unos cuantos días, en la erupción de Cumbre Vieja. La manera de completar la reconstrucción de la película de la erupción bajo la piel de la isla pasa por tomar muestras de lava, piroclastos, gases y minerales cuando esto sea posible. El estudio detallado de su composición isotópica y química dará información precisa de la profundidad y tiempo que permaneció el magma en cada uno de estos depósitos profundos. Cruzando esos datos con los de sismicidad y deformación del terreno se podrá reconstruir el proceso de ascenso del magma a la superficie.

Esta erupción es una oportunidad para aprender más y mejor cómo funcionan los volcanes, pero sobre todo para hacernos conscientes de que Canarias es una zona activa donde estos procesos van a seguir repitiéndose. Hay que estar preparados.

Fuente: SINC

Imágenes: Abián San Gil Hernández, erupción del volcán Cumbre Vieja en La Palma. Más fotos en su Twitter