Cultura/Humanidades

Cómo y cuándo contar un cuento a un niño

Los cuentos infantiles no sirven todos para cualquier edad: los personajes, los argumentos, el vocabulario y los propios libros como objetos deben adaptarse a cada etapa de la infancia.

A niños y niñas les encantan los cuentos. El tiempo que los adultos comparten con ellos mientras les cuentan historias suele ser muy agradable. Y tiene muchos beneficios, además de ese disfrute: si los pequeños se familiarizan desde bien pronto con esas historias, será más sencillo que luego desarrollen un auténtico amor por los libros y la lectura.

Está claro que los adultos no necesitan ninguna formación específica para narrarles historias: muchos lo hacen o lo han hecho, y no solo con sus propios hijos e hijas, sino también con sobrinos, nietos, hijos de amigos, etc. Pero ¿qué cuentos contar? ¿Vale cualquier historia para cualquier niño o niña? Eso sí que puede generar dudas, sobre todo en personas no tan acostumbradas al trato con pequeños.

Si bien mucha gente se opone a la clasificación de las historias por edades, se pueden establecer -a grandes rasgos- algunas características de los tipos de cuentos que más gustan o que resultan más apropiados en cada etapa de la infancia. Se detallan a continuación.

Hasta los dos años de edad

Cuando son bebés, los pequeños todavía no son capaces de comprender el sentido de las historias. Pero eso no quiere decir que no disfruten del momento de la lectura. Además, los libros para bebés no incluyen solo un cuento, sino también grandes y coloridas ilustraciones, que llaman la atención de los niños.

Más aún, los libros tienen un formato grande y resistente, para que los pequeños los manipulen sin romperlos (al menos, no se rompen con facilidad). Y muchos de esos volúmenes incluyen también partes para que los bebés los exploren a través de otros sentidos: texturas con diferentes rugosidades, aromas, sonidos, partes móviles, etc.

Los textos, además, deben ser breves, claros y simples, con una tipografía grande y si es posible en mayúsculas, y con frases que incluyan rimas, onomatopeyas o repeticiones sencillas. Así lo explica Judith Franch, especialista en libros y literatura infantil y responsable del blog Club Peques Lectores.

Algunos de los títulos que cumplen con esos requisitos, por mencionar solo algunos ejemplos, son los de las colecciones ‘De la cuna a la luna’, de Antonio Rubio y Óscar Villán (editorial Kalandraka), ‘Cucú-tras’, de Francesca Ferri (SM), y ‘Mi primer libro de sonidos’, de Marion Billet (Planeta).

De dos a cuatro años

Esta es la esta etapa en que niños y niñas se apropian del lenguaje, debido a lo cual los cuentos y las lecturas desempeñan un papel fundamental. Siguen siendo importantes las rimas, las onomatopeyas y otros sonidos que a los pequeños les resulten graciosos o llamativos, pero las historias ganan relevancia.

En general, son argumentos simples, con pocos personajes y en algunos casos con el objetivo de contribuir con cierto aprendizaje en los niños. Un ejemplo son las colecciones ‘El pequeño Edu’ y ‘La pequeña Marina’, de la autora belga Linne Bie (Juventud).

Otras opciones en el mismo sentido son títulos como ‘Todos bostezan’, de Anita Bijsterbosch (Combel) -que muestra cómo una serie de animales se van a dormir y ayuda a que el niño haga lo mismo-, ‘Los cinco sentidos de Nacho’, de Liesbet Slegers (Edelvives) y ‘El monstruo de colores’, de la catalana Anna Llenas (Flamboyant).

Entre cuatro y cinco años

En este punto es bueno que los argumentos se hagan un poco más complejos, pues es una época en que la imaginación de niños y niñas se despliega. Por eso, los cuentos pensados para esta etapa incluyen hechos maravillosos, transformaciones, exageraciones, personificación de animales u objetos, etc.

‘Elmer’, el “elefante multicolor” de David McKee (Beascoa), y los libros de Ilan Brenman (el más conocido de los cuales es ‘Las princesas también se tiran pedos’, editado por Algar) son otras buenas posibilidades.

Además, es a estas edades cuando niños y niñas suelen disfrutar más de los cuentos tradicionales: Caperucita Roja, Cenicienta, Hansel y Gretel, Pulgarcito, etc. Por cierto: la colección ‘Érase dos veces’, de la editorial Cuatro Tuercas, les da una vuelta de tuerca y ofrece doce de estos clásicos libres de sexismo y desigualdad entre géneros.

A partir de los cinco años

Poco a poco los pequeños reclaman más variedad y complejidad en las historias. Y en esta etapa valoran mucho la fantasía, el humor (sobre todo el escatológico) y poder identificarse con los protagonistas de los relatos que les cuentan o les leen.

Algunos ejemplos de libros apropiados a partir de los cinco años son ‘Orejas de mariposa’, de Luisa Aguilar y André Neves (Kalandraka), y ‘El árbol de los recuerdos’, de Britta Teckentrup (NubeOcho), muy valioso para hablar con los niños de un tema tan delicado como la muerte de un ser querido.

Y luego llegará el momento en que comiencen a leer por su cuenta, de forma autónoma. Antes o después de eso, podrán adentrarse en clásicos como ‘El principito’, ‘Alicia en el País de las Maravillas’, ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ o ‘Harry Potter’.

¿Cómo contar los cuentos a los niños pequeños?

Más allá de qué cuentos contar, existen una serie de premisas que se deben tener en cuenta al momento de narrarles historias. Algunas de esas claves se enumeran a continuación:

  • Buscar el tiempo y el lugar oportunos. De ser posible, se debe elegir un momento en que se prevea que habrá tiempo suficiente y no se producirán interrupciones. Por eso, los minutos antes de dormir son una ocasión muy apropiada. Con respecto al lugar, hay que procurar que sea tranquilo, sin mucho movimiento ni otras distracciones.
  • Interpretar las historias, y no solo narrarlas. Es fundamental añadir expresión dramática a los relatos: hacer gestos, modular la voz en función de cada personaje, pronunciar con claridad, como si se “masticara” cada palabra.
  • Utilizar un vocabulario sencillo, claro y comprensible para el pequeño. Si un cuento exige el uso de una palabra poco común, hay que explicarla en términos sencillos, para que el sentido de la historia no se escape.
  • Dar participación al niño. Sobre todo, a través de preguntas para que él responda o de canciones que puedan cantar juntos.
  • Recurrir a todas las herramientas que puedan ser útiles. Dibujos, disfraces, títeres, marionetas, instrumentos musicales y muchos otros elementos pueden resultar de gran ayuda al momento de contar cuentos a los niños. Por eso, cuanto mayor sea la creatividad y el ingenio que los adultos empleen en su rol de cuentacuentos, tanto mejor será la experiencia.

Lee el artículo original de Cristian Vázquez en Consumo Claro